Eslovenia tiene uno de los niveles de gasto sanitario catastrófico más bajos de Europa, gracias a sus amplias prestaciones financiadas con fondos públicos y, hasta 2024, a un seguro sanitario voluntario (VHI) complementario que protegía a los ciudadanos de los copagos. Una importante reforma de 2024 suprimió la mayoría de los copagos, sustituyó las primas del VHI por una contribución a tanto alzado y redujo significativamente las tasas a los usuarios, la complejidad y los costes administrativos, ofreciendo importantes lecciones para otros países. Sin embargo, sigue habiendo problemas, como la fuerte dependencia de la financiación basada en el empleo, los largos tiempos de espera, la regresividad de la contribución a tanto alzado, las lagunas en la cobertura de determinados servicios y productos, y la cobertura incompleta de la población.
