El avance de Georgia hacia la cobertura sanitaria universal se ve dificultado por un sector sanitario mayoritariamente privado y una gobernanza deficiente. La insuficiencia de detalles normativos, las lagunas en las compras y el escaso diálogo entre las partes interesadas socavan la calidad y la equidad de la asistencia. Reforzar la gobernanza requiere planes de aplicación detallados y presupuestados, un comprador estatal más capaz y procesos políticos transparentes e inclusivos para alinear los incentivos privados con los objetivos de la sanidad pública y mejorar los resultados de la reforma.
