El sistema sanitario sueco combina una elevada financiación pública, cobertura universal, tecnologías modernas y grandes esfuerzos de prevención, que apuntalan unas necesidades insatisfechas bajas y unos resultados de salud de la población comparativamente buenos. Las prioridades políticas de los últimos años se han centrado en mejorar la disponibilidad y la puntualidad de la asistencia, sobre todo mediante el aumento de la capacidad de elección y la privatización de partes de la atención primaria y especializada, el refuerzo de la atención primaria, unos servicios especializados estandarizados y más centralizados, y el paso de modelos basados en la actividad y de pago por resultados a pagos fijos o capitados. Otras innovaciones, como la sustitución de funciones, la digitalización y una estrategia nacional de atención a la maternidad, pretenden mejorar la coordinación, la continuidad y la eficiencia general del sistema.
