El informe del Banco Mundial ofrece una evaluación de cómo los países de renta baja y media-baja están luchando para financiar la cobertura sanitaria universal (CSU) a medida que se acentúa la incertidumbre económica y disminuye la ayuda al desarrollo. El informe, que forma parte de la serie anual Recursos y Proyecciones Gubernamentales para la Salud (GRPH), hace un seguimiento de las tendencias recientes y las proyecciones futuras de la financiación gubernamental y de los donantes, y revela que el gasto se ha estancado desde 2018 y sigue estando muy por debajo del valor de referencia mínimo necesario para prestar servicios sanitarios esenciales.
De cara a 2030, el informe advierte de que la mayoría de los países de renta baja y muchos de renta media-baja se enfrentarán a una disminución del gasto sanitario combinado, ya que el descenso previsto del 20% de la ayuda de los donantes compensa los modestos aumentos de los gobiernos. Sin embargo, subraya las opciones viables: mejorar la eficiencia, reforzar la atención primaria, alinear la ayuda con las prioridades nacionales y ampliar el espacio fiscal mediante reformas específicas.

