Portugal se enfrenta a un gasto sanitario catastrófico superior a la media europea, que afecta principalmente a los hogares más pobres y está impulsado por los costes de la medicina ambulatoria. A pesar del acceso universal basado en la residencia y de un paquete de prestaciones relativamente completo, sigue habiendo lagunas en la cobertura, como el acceso limitado a la atención dental y a los productos médicos financiados con fondos públicos. Los retos también incluyen largos tiempos de espera para la atención primaria, los especialistas y la cirugía electiva; copagos elevados sin exenciones automáticas para los grupos de bajos ingresos; y ningún tope en los copagos, lo que agrava las cargas financieras para las poblaciones vulnerables.
