En la última década, el gasto sanitario del gobierno filipino ha crecido rápidamente, apoyado por la ampliación del espacio fiscal, unas políticas sanitarias más sólidas y el aumento de la renta nacional. A pesar de este progreso, el sistema de financiación sanitaria sigue fragmentado, con funciones que se solapan y fuentes de financiación que compiten entre sí. Fuentes clave como PhilHealth, los presupuestos de los gobiernos nacional y locales y los programas de asistencia médica operan a menudo de forma aislada. Esta fragmentación debilita la mancomunación del riesgo financiero, reduce la eficiencia y limita las posibles economías de escala. Para subsanar estas deficiencias, el informe propone un marco para consolidar los flujos de financiación y reforzar la coherencia del sistema.
